dissabte, 11 de juliol de 2015

Un mundo paralelo

Hola a tothom! Espero que estigueu passant un bon estiu en companyia de qui més estimeu. Després d'estar dues setmanes absent, he tornat amb un nou conte que vaig escriure per a un concurs de Jóvenes Talentos. Espero que us agradi! Bon estiu, lectors i lectores!!!

Calíope



Siempre he vivido en el bosque o, al menos, eso creía yo antes de recordarlo todo.
Era una tarde de verano y decidí ir al río con todos mis amigos. Mi inocencia no me permitió ver que el cauce del agua aumentaba por segundos y que la corriente me llevaba contra mi voluntad hacia una gran cascada. Nadie me estaba mirando y tampoco escuchando porque la distancia que me separaba de ellos era enorme.
De pronto, todo se oscureció. No sé cuánto tiempo permanecí inconsciente pero al despertar, me dolía todo el cuerpo y tenía heridas en codos y rodillas. No logré ponerme de pie porque una voluminosa garra me detuvo. Alcé los ojos asustado. Enfrente de mi había un oso de un color pardo que me miraba con curiosidad, olisqueándome el cabello. Me quedé inmóvil y miré a mi alrededor. Estaba estirado sobre una roca cerca de un manantial. Mi feroz compañero me aplicaba agua cristalina sobre los rasguños y yo sentía punzadas terribles que gemían en mi interior.

Tenía miedo, tenía mucho miedo. Observé el cielo, las nubes se balanceaban de un lado al otro al ritmo de la suave brisa que agitaba las ramas de los árboles. Ya empezaba a ponerse el sol. Debía irme y así hice. Cuando el animal estaba distraído eché a correr. Corrí hasta que mis piernas no pudieron más y me detuve en un claro a recuperar fuerzas. Inspiré y suspiré profundamente. Mi mente iba a cien por hora. Estaba perdido, quizás a kilómetros de la ciudad y de mi propia casa. Tenía que encontrar un refugio para pasar la noche. Dormí en una pequeña cueva inhabitada, aunque no pegué ojo porque recordaba la expresión tan bondadosa del oso que infundía respeto y a la vez protección, y no paraba de reprocharme el hecho de haberme ido. Desde que ocurrió aquello no podía estarme quieto.

De madrugada, una pálida luz me iluminó el rostro. Debo reconocer que fue el momento más mágico de toda mi vida. Miles de luciérnagas volaban realizando danzas increíbles a mi alrededor. Me sentí por fin en mi hogar y bailé con ellas hasta que me dolieron los pies.
El estómago me rugía y me alimenté con bayas y otros frutos del bosque. Luego, subí a un árbol y observé el paisaje. Fábricas y empresas aparecían a lo lejos recortadas por el horizonte infinito, como si no se atrevieran a dar un paso más hacia el imponente bosque. La vista me llevó al manantial donde había sucedido todo. Descubrí al oso durmiendo plácidamente, parecía haber crecido. Supongo que le había cogido cariño, un cariño a distancia. Me acerqué, armado de valor y lo abracé, no me pude contener, tenía que agradecerle mi salvación de alguna forma. Entreabrió los ojos y gruño suavemente. Por un momento, por una milésima de segundo, sentí pánico pero recuperé la compostura y le acaricié el pelaje. Supongo que esperaba que me devolviera una mínima muestra de afecto pero no lo hizo.
Lo recordaba. Recordaba que me había ido sin darle las gracias y me di cuenta de que había sido muy poco agradecido. Le ofrecí las bayas que me restaban del desayuno y guardaba en el bolsillo, y me di la vuelta,  dispuesto a marcharme, cuando me abrazó. Fue un abrazo sofocante porque su pelo era tan denso que mi respiración apenas era posible. Fue el inicio de una gran amistad.

Los años han pasado y las vivencias se han incrementado pero espero vivir siempre aquí y que nadie me arrebate este sueño. Formamos parte de la naturaleza y ella ya forma parte de mi corazón. Si pudieseis ver la magia que nos ofrece... ¡Espera! ¡Sí podéis! Cerrad los ojos e id más allá de vuestra imaginación, seguro que ese mundo que imagináis es real en algún lugar y, si no lo es, hacedlo posible.



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