dissabte, 18 d’abril de 2015

Una cadena interesante



Una noche de verano estaba abierto el balcón y la puerta de mi casa, desde donde una brisa suave refrescaba el hogar. Había un paquete, con una carta en la que ponía simplemente: “disfrútalo”, junto a la barandilla.
El paquete estaba decorado con un bonito lazo anaranjado y un papel azul verdoso como la mar. Lo cogí y fui a mi habitación, cerrando la puerta de un portazo. No había remitente ni destinatario pero estaba sola en casa.

Intenté no romper el papel, cosa que fue imposible. Estaba tan bien cerrado, con tanta delicadeza y paciencia… Me encontré con una caja grande y resistente en la que ponía en letras grandes en permanente:
“SIGUE LA CADENA, PARA QUE TODOS TENGAMOS UN FRESCO VERANO”.
No había visto nada igual, un presente para todos con un buen propósito. Lo abrí y contenía; vales para la heladería, recetas refrescantes, postales, gafas de sol…
Cogí una postal y un vale y pensé en cómo seguir la cadena. No sabía quién lo había recibido y quién no. Revolví en el regalo y encontré unas instrucciones:
1-Disfruta del paquete.
2-Envuélvelo en otro lazo y papel que te guste.
3-Enviáselo a tu vecino de la derecha.
4-¡Sé generoso y solidario!
Así hice y entregué el paquete rojo con un lazo amarillo. Luego pensé, ¿quedará algo para el último destinatario antes de que se acabe el verano?
¿Harán alguna cadena como ésta para Navidad?

Y es que, al fin y al cabo, en los días que menos te esperas pasan cosas que te quedas: ¡UAU! ¿Y si no hubiese estado en casa?



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